Qué es un aval en un crédito en México, qué responsabilidades acepta y cuándo conviene ser uno

Que alguien cercano te pida ser su aval para un crédito parece un trámite sencillo. Solo firmas un papel, dices que conoces a la persona y listo. El problema es que esa firma tiene consecuencias legales y financieras reales que pueden afectarte durante años si las cosas no salen bien. Antes de aceptar, conviene entender exactamente qué estás firmando.

Qué es un aval y qué papel juega en un crédito

Un aval es la persona que se vuelve responsable de pagar un préstamo, crédito o renta y todos sus costos asociados, en caso de que el deudor original ya no pueda o quiera hacerlo.

La figura del aval está definida en los artículos 46 y 48 de la Ley General de Títulos y Operaciones de Crédito, e implica una responsabilidad solidaria con el deudor principal para el pago de una obligación. Eso significa que para el banco o la institución financiera, tú y el titular del crédito son igualmente responsables de la deuda desde el momento en que firmas.

Los bancos piden un aval cuando el solicitante del crédito tiene historial crediticio limitado, ingresos que no alcanzan para calificar por sí solo o cuando el monto del crédito es considerablemente alto. Al aceptar ser un aval debes ser consciente de que la deuda podría ser tuya, así que infórmate acerca de todos los detalles y condiciones del crédito: montos, intereses y duración.

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Qué responsabilidades asumes exactamente

Este es el punto más importante y el que más personas pasan por alto antes de firmar. Las responsabilidades de un aval incluyen pagar el préstamo si el prestatario no lo hace. El compromiso puede incluir la totalidad del crédito, incluidos los intereses y otros costos asociados.

No es solo el capital que pidió prestado el titular. Si hay intereses acumulados, cargos por pago tardío o costos legales derivados del incumplimiento, todo eso puede ser exigido al aval también.

El banco puede exigirte el pago completo de la deuda desde el primer momento en que falte pagar alguna parcialidad, sin necesidad de agotar primero las acciones contra el deudor principal.

Además, al ser aval, la deuda que respaldas pasa a ser parte de tus compromisos actuales en el Buró de Crédito. Esto afecta directamente tu capacidad de endeudamiento. Si quieres solicitar tu propio préstamo después, tu capacidad estará comprometida hasta que se liquide el préstamo avalado, porque el banco calculará esa deuda como parte de tus obligaciones actuales.

Qué puede hacer el banco si el titular no paga

Las consecuencias van escalando según el tiempo de incumplimiento. Primero llega la notificación formal exigiendo el pago. Después el banco puede iniciar acciones de cobranza directamente contra el aval, no solo contra el titular. Si el deudor no paga y el aval tampoco puede, el banco puede embargar bienes como cuentas bancarias, salarios o propiedades, e iniciar una demanda civil para recuperar el dinero.

Si eres aval de un préstamo que no se paga, la presión financiera se incrementa considerablemente. Es esencial comunicarse de inmediato con el deudor principal y con el prestamista para buscar una solución antes de que la situación llegue a instancias legales.

Cuándo conviene ser aval y cuándo no

Ser aval tiene sentido solo si confías plenamente en la persona, conoces su historial de pagos y responsabilidad financiera, y tu situación económica te permitiría cubrir la deuda sin poner en riesgo tu propia estabilidad si las cosas salen mal.

No conviene cuando no conoces bien el historial financiero del solicitante, cuando el monto es demasiado alto para que puedas absorberlo, cuando tienes planes de pedir crédito propio en los próximos dos años o cuando la relación con esa persona podría deteriorarse si surgen problemas de pago.

Una vez que has firmado el contrato es complicado retractarse. Renunciar a ser aval dentro del plazo fijado sin repercusiones legales es difícil, y en muchos casos la única salida es que el crédito se liquide completamente.

Cómo rechazar la solicitud sin dañar la relación

Negarse a ser aval de alguien cercano puede sentirse incómodo, pero es una decisión financiera completamente legítima. Para evitar conflictos, es clave expresar de forma clara y honesta tus razones: preocupaciones relacionadas con tu capacidad financiera, el riesgo de afectar tu historial crediticio y por qué no te sientes cómodo asumiendo esa responsabilidad.

Si deseas ayudar, puedes ofrecer alternativas como buscar otras opciones de financiamiento o asesoría. Una buena relación personal no justifica asumir una responsabilidad financiera que podría afectarte durante años. Esa es una decisión que debes tomar con información completa, no por presión emocional.

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