En una ciudad donde ya puedes pagar con el celular en cadenas de conveniencia, supermercados y hasta en algunos puestos de comida de la calle, los mercados tradicionales de Ciudad de México siguen siendo en gran medida territorios de efectivo.
La Merced, Medellín, Jamaica, Mercado de Artesanías de Ciudadela — en la mayoría de estos espacios, sacar la tarjeta sigue siendo una opción que simplemente no existe o que genera complicaciones. No es casualidad ni atraso tecnológico puro: hay razones concretas detrás de esa realidad.
El costo de aceptar tarjetas no es neutral para un comerciante pequeño
Cuando un negocio decide aceptar pagos con tarjeta, asume un costo que muchos consumidores no ven: la comisión que cobra el banco o el procesador de pagos por cada transacción.
Ese porcentaje varía según el contrato, el volumen de ventas y el tipo de tarjeta utilizada, pero representa un descuento directo sobre cada venta.
Para un comerciante de un mercado tradicional en Ciudad de México que opera con márgenes ajustados y tickets de compra bajos, ese costo puede volverse un obstáculo real. Los factores que más pesan en esa decisión son:
- El monto de la comisión por transacción, que se descuenta directamente de cada venta sin importar qué tan pequeña sea.
- El costo del equipo o la renta mensual de la terminal, que representa un gasto fijo independiente del volumen de ventas.
- El tiempo que tarda en llegar el dinero a la cuenta del comerciante, que en algunos esquemas no es inmediato y afecta el flujo de efectivo del negocio.
La informalidad fiscal es parte del panorama
Una parte importante del comercio en los mercados tradicionales de Ciudad de México opera en la economía informal o en esquemas de tributación simplificada.
Aceptar pagos con tarjeta implica dejar un registro electrónico de cada transacción, lo que genera mayor visibilidad ante las autoridades fiscales.
Para comerciantes que no están completamente formalizados, esa trazabilidad representa un riesgo que prefieren evitar.
No es el único factor, pero sí es uno que influye de forma real en la decisión de no instalar una terminal de punto de venta.
Lee más: Qué le pasa a tu límite de crédito si no usas la tarjeta durante varios meses en México
La infraestructura tecnológica también pone límites
Más allá de la decisión del comerciante, hay mercados donde la conectividad es un obstáculo real. Una terminal de punto de venta necesita señal de internet o de red móvil estable para procesar pagos.
En algunos mercados tradicionales, especialmente en los de mayor antigüedad y construcción más densa, la señal es intermitente o insuficiente para sostener transacciones electrónicas de forma confiable.
Cuando una terminal falla en medio de una transacción, el comerciante pierde tiempo, el cliente pierde paciencia y la experiencia genera desconfianza hacia el sistema.
Eso refuerza la preferencia por el efectivo como mecanismo más predecible y sin dependencia tecnológica.
Los pagos digitales están entrando, pero despacio
El panorama no es estático. En los últimos años, aplicaciones de transferencia inmediata han comenzado a ganar terreno en algunos mercados tradicionales de la ciudad, porque eliminan varios de los obstáculos del modelo de terminal bancaria. Algunos comerciantes han optado por soluciones como:
- Códigos QR vinculados a cuentas digitales, que no requieren terminal ni contrato bancario formal.
- Transferencias por CoDi o DiMo, que funcionan desde cualquier celular con datos móviles y sin comisión en su modalidad básica.
- Aplicaciones de cobro simplificado que convierten el celular del comerciante en un punto de pago sin necesidad de equipo adicional.
Es una adopción gradual y desigual, pero indica que la resistencia no es absoluta sino condicionada a los costos y la practicidad de cada solución.
- Importante: Si planeas visitar un mercado tradicional en Ciudad de México, llevar efectivo sigue siendo indispensable. Depender exclusivamente de la tarjeta puede limitarte en muchos locales, especialmente en los de productos frescos, artesanías y comida preparada.
La brecha entre los mercados tradicionales y los medios de pago electrónico no es un problema de voluntad sino de incentivos, costos y contexto.
Mientras aceptar tarjeta represente un costo neto para el comerciante pequeño y la informalidad siga siendo parte estructural de esos espacios, el efectivo seguirá siendo el rey en buena parte de estos mercados, con independencia de cuánto avance la tecnología de pagos en el resto de la ciudad.