Por qué los comerciantes del centro histórico de Puebla todavía desconfían de las terminales bancarias

El centro histórico de Puebla es uno de los más importantes de México. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, concentra una actividad comercial intensa donde conviven tiendas de artesanías, restaurantes, puestos de talavera, locales de ropa y calzado, y una amplia variedad de pequeños negocios con décadas de historia. En ese contexto, llama la atención que una parte significativa de esos comercios siga operando exclusivamente en efectivo, incluso cuando el turismo que los visita llega cada vez con menos billetes en la cartera. La desconfianza hacia las terminales bancarias no es capricho: tiene explicaciones concretas que van desde los costos hasta la cultura fiscal.

El costo de aceptar tarjeta no es neutral para un negocio pequeño

Para un comerciante del centro histórico de Puebla que vende talavera, textiles o comida con márgenes ajustados, cada peso cuenta. Instalar una terminal bancaria implica asumir costos que no siempre son fáciles de absorber en ese perfil de negocio:

  • La comisión por transacción que cobra el banco o el procesador de pagos por cada venta con tarjeta, que se descuenta directamente del ingreso sin importar el monto de la operación.
  • En algunos esquemas, una renta mensual fija por el equipo, que representa un gasto independiente del volumen de ventas.
  • El tiempo de liquidación, que en ciertos modelos no es inmediato y puede afectar el flujo de efectivo de negocios que necesitan ese dinero disponible de forma diaria para reponer mercancía o cubrir gastos operativos.

Para un negocio que factura volúmenes bajos y opera con ticket promedio pequeño, esa comisión puede representar una porción de la ganancia que el comerciante simplemente no está dispuesto a ceder.

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La informalidad fiscal como factor estructural

El presidente del Consejo de Comerciantes del Centro Histórico de Puebla señaló a inicios de 2026 que la ciudad capital presenta niveles altos de informalidad comercial, un fenómeno que impacta tanto en la imagen turística como en el desarrollo económico de la zona. Esa informalidad es precisamente uno de los factores que más explica la resistencia a las terminales bancarias.

Aceptar pagos con tarjeta genera un registro electrónico de cada transacción. Para un comerciante que no está completamente formalizado ante el SAT o que opera bajo esquemas de tributación simplificada con ingresos no del todo declarados, esa trazabilidad representa un riesgo que prefiere evitar. No es una decisión irracional desde la perspectiva del comerciante individual: es una respuesta lógica a un entorno donde la formalización tiene costos que muchos negocios pequeños no han podido o no han querido asumir.

Dato clave: La informalidad no es exclusiva de Puebla ni del centro histórico. Es un fenómeno estructural del comercio tradicional mexicano. Lo que hace diferente al centro histórico de Puebla es que opera en un espacio de alto tráfico turístico, donde esa resistencia tiene un costo visible en ventas perdidas a clientes que no cargan efectivo.

La desconfianza hacia el sistema bancario como herencia cultural

Más allá de los costos y la fiscalidad, hay un tercer factor que opera de forma más silenciosa pero igualmente relevante: la desconfianza histórica hacia las instituciones bancarias en sectores del comercio tradicional mexicano.

Para muchos comerciantes del centro histórico de Puebla, especialmente los de mayor edad o los que provienen de familias con larga tradición en el oficio, el banco es una institución con la que se ha tenido poca relación o experiencias no siempre positivas. Firmar un contrato con un banco para instalar una terminal, aceptar que cada venta quede registrada en un sistema ajeno y depender de una conexión tecnológica para cobrar son elementos que generan resistencia en perfiles acostumbrados a manejar el negocio de forma completamente autónoma.

Por qué el QR no ha resuelto del todo el problema

Las plataformas de pago por código QR, que en otras ciudades como Mérida o Guadalajara han ganado terreno entre comerciantes pequeños por su bajo costo y facilidad de uso, tampoco han logrado una adopción masiva en el centro histórico de Puebla. Las razones son similares a las que frenan la terminal tradicional: el registro electrónico de transacciones sigue existiendo, la trazabilidad fiscal también, y para el comerciante informal el resultado práctico es parecido aunque la tecnología sea distinta.

Donde sí ha habido mayor adopción es entre los negocios más jóvenes, orientados al turismo internacional y con operación más formalizada, que ven en los pagos digitales una ventaja competitiva para capturar al visitante que llega sin efectivo. Ese segmento es todavía minoritario en el tejido comercial del centro histórico, pero refleja que el cambio está ocurriendo, aunque de forma lenta y desigual.

Importante: Para el turista o visitante que planea recorrer el centro histórico de Puebla, llevar efectivo sigue siendo indispensable. Aunque cada vez hay más negocios con terminal disponible, la mayoría de los puestos de artesanías, mercados y locales pequeños siguen operando exclusivamente en efectivo, especialmente en el Mercado El Parián y zonas adyacentes.

La resistencia de los comerciantes del centro histórico de Puebla hacia las terminales bancarias no es un problema de tecnología ni de acceso a equipos. Es el resultado de una combinación de costos reales, informalidad estructural y desconfianza cultural que no se resuelve con campañas de adopción digital. Resolverlo de fondo requiere condiciones que hagan que la formalización sea más atractiva que el efectivo, y eso va mucho más allá de instalar una terminal.

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